Por: Juan Mazondo A.
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Anoche estuve soñando, soñé que yo era Carlos Slim. Al principio, me encontré con que tenía muchísimo trabajo. Pero entonces me dije a mi mismo, mi mismo, de que te sirve ser el hombre más rico del mundo, si trabajas como vil burro. Así que agarre mi barcote, lo llene de puras chavitas bien buenas. (Me caí que, hasta a Berlusconi se le caía la baba) Y me la empecé a pasar a todas margaritas. Eso si era vida me caí. Lo malo es que con el tiempo me empecé a aburrir, y me puse a pensar. –Es verdad que tengo muchísima lana, tanta que ni mis tataratatara nietos se la acaban, pero ya empiezo a sentirme viejo, y el día menos pensado me voy de este mundo, y luego. Luego yo ya no estaré más. Y todo me valdrá monja. Pero como estoy vivo, me gustaría dejar un recuerdo que fuera imperecedero. O al menos que durara más que los Beatles, más que Pedro Infante o Gandhi. Pero que fuera un buen recuerdo. Si, ya hice el museo Soumaya. Y mientras viva no faltara quien me alabe por el. Pero dentro de doscientos años ¿Alguien recordara que yo lo hice? No lo creo, y si se acuerdan, de cualquier modo no tendrá importancia alguna. ¿Qué puedo hacer para que dentro de doscientos años la gente se siga acordando de mi, y digan, gracias Carlos eras a todas madres?
Así que me olvide un rato de las chavas. (Después de todo, necesitaba tiempo pá reponerme) Y me puse a pensar que podía yo hacer para que este sueño fuera una realidad.
¡Y entonces se me ocurrió! Me dije, ¡Carlos, tú eres un chingón! Con un poco que te esfuerces, seguramente podrás idear un programa mucho mejor que eso que llaman Iniciativa México, y con una parte de la lana que te sobra y que aunque quieras, ni te la puedes gastar, y menos te la puedes llevar cuando te vayas. Puedes formar un patronato que lleve tu nombre, y que permita que todo aquel mexicano, que presente un proyecto factible, para sacar de la pobreza a un grupo de compatriotas, disponga del dinero para llevarlo a cabo, siempre y cuando todos los que participen en el proyecto sean en parte dueños del negocio. Y lo mejor, ni siquiera se las vas a regalar, solo se las prestas con un interés mínimo o nulo.
En eso estaba pensando, cuando sentí que una de las chavitas se me vino encima.
Lo malo es que no estaba tan chavita, y mi sueño, se termino. Ni modo hay que cumplirle a la ñora, espero que aun me quede con qué.
Y no se porqué, se me vino a la mente, la historia de aquellos recién casados, que cuando llegaron de la luna de miel, el marido decidió dejar en claro las reglas de la casa. Así que dijo a su señora: Cariño. Ahora que termino la luna de miel, te voy a dar las reglas que regirán esta casa: Aquí el baño debe estar listo a las seis de la mañana, cuando salga de bañarme, tendrás lista sobre la cama la ropa que voy a ponerme, a las siete en punto debe estar listo el desayuno. Cuando regrese de trabajar o sea a las dos de la tarde tendrás lista la comida y la casa debe estar siempre limpia y arreglada. ¿Te quedo claro?
-Si mi vida- dijo la esposa –Pero yo también tengo una regla que debe cumplirse en esta casa.
-Y cual es esa regla- Pregunto el marido.
-Solo quiero que te quede claro, que en esta casa, se hace el amor a las ocho de la noche. Estés tú o no estés. Subscribete a Política y otros chistes por Email es gratis
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